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Cada día hago menos y soy más

Categoría: VISTA

17/09/2007 GMT 1

7 meses

yolijolie @ 14:33

Estoy muy cansá. El aire me pesa, sentada, de pie y recostá. Las palabras se hermandan, y se amontan para salir en un mismo suspiro para que me cueste menos hablar: Ay... yesquenopueomás. Mis pies doloridos soportan los 15 quilos de más. Mi esqueleto enmudecido me reclama calcio por piedad y mis glóbulos rojos se quejan del saqueo que sufren por aquí y por allá. Andan ligeros de equipaje por el poco oxígeno en sangre y el hierro recetado en pastillas es como el sexo que se alquila, un triste sucedáneo de lo natural, que te deja al poco de su dosis, con la misma necesidad. El esófago protagoniza las veladas sin igual. La acidez se camufla con bochornosa timidez bajo alimentos tan normales como el pan o la miel. Y tengo sed, mucha sed, y bebo agua pero siempre antes de las diez pues lo ingerido antes de acostarme siempre ha de salir antes de levantarme. Y los viajes al lavabo, una y otra vez, me recuerdan que mis pies doloridos no pueden con los 15 quilos de más y que el aire me pesa, sentada, de pie y recostá.

16/07/2007 GMT 1

Un mar de sensaciones

yolijolie @ 14:06

Llego tarde. Tropiezo con mis pies al pedir la llave de taquilla y el consentimiento de la de recepción me permite empujar la barra de paso hacia las instalaciones. El olor a cloro se intensifica al llegar al vestuario. Abro, desvisto, calzo, recalco y cierro. Se atasca el candado. Las prisas me vacilan y me siento. Suspiro. Me acerco al espejo para embutirme el gorro de látex. Hoy no hay tiempo para muecas. Recoloco la ropa y cierro por fin la puerta metálica. Desaparezco con los pies semidesnudos y diez minutos menos de clase.  Un arsenal de gorros flotantes se gira sonriente a mi llegada. ¡Yo ya he precalentado! Exclamo con la lengua fuera. Me remojo mis mofletes rojos bajo una ducha de agua fría. Alzo la vista y veo una hilera de hombres sudorosos haciendo bicicleta estática tras el cristal que nos separa. No entiendo la esclavitud a la que se someten pero también les sonrío: voy a pegarme un chapuzón a la salud de todos ellos. El gorro es un ingenuo antifaz que hace sea incapaz de reconocer las caras cuando van vestidas de calle. Somos las sin nombre, nos llamamos por el número de semanas o por el mes en el que va a nacer. Una de descomunal barriga me acerca un churro de espuma de más de metro y medio. Omito toda broma recurrente y me incorporo a la gimnasia acuática comenzada. A los brincos sucesivos con el churro entre las piernas le siguen brazadas de espalda con el churro oprimido contra el pecho. Al flote boca abajo con el churro de tablilla, el nado hacia delante con un pataleo escandaloso. Tiempo de descanso. Me ajusto mi artilugio a la nuca y  otro fálico flotador de igual proporción a las pantorrillas. Soy una hoja seca en una charca de verano. Oigo las voces de las compañeras distorsionadas bajo el agua. Mientras floto me desplazo. Permanezco liviana sobre el líquido que me abraza. Contemplo el cielo enmaderado. Un azul cegador entra a través de uno de sus ventanales. Cierro los ojos y miro a través de mis párpados claridades nuevas. Oigo mi respiración a través de mi cuerpo mientras mis oídos se taponan. Me estoy convirtiendo en burbuja mientras simulo estar relajándome. Entonces me dejo escurrir entre los flotadores y me sumerjo con religiosa suavidad. La caída es un baile de movimientos lentos y armoniosos. Las prisas desaparecen y los tropiezos se amortiguan. La brusquedad no existe. El ruido no molesta y los sonidos son el hilo musical que me acompaña. No tengo frío ni sensación de humedad. La línea que trazan mis contorneos se corrige con la misma corriente generada. Inhalo oxígeno sin respirar. Se está tan bien aquí abajo que no entiendo la evolución de los anfibios a reptiles ni el miedo a morir bajo el mar.

Un pitido agudo procedente de fuera recuerda que la clase ha terminado ya.

Salgo de la piscina arrastrando mis kilos reales y la experiencia vivida.

-Nos pensábamos que te habías ido ya. Dónde has estado todo este tiempo?

-Buceando en el mar de los recuerdos, con mi maestra, mi hija, a la que aún le quedan 4 meses de experiencia vital.  


Que los disfrutes Paula.

Pero sal cuando te toque, que aquí fuera verás que no se está tan mal.




29/06/2007 GMT 1

Juan José Millás

yolijolie @ 19:18

Mi desmemoriada cabeza no quiere olvidarse de lo insignificantemente importante, por eso hoy, trascribo, volviendo así a recordar un relato del escritor Juan José Millás, memorable por su sencillez y poca pretensión en todo lo que ingeniosamente escribe. Está extraído del libro Cuentos de Adúlteros desorientados.

 

Con este regalo de prosa, saco las macetas al balcón para que las vea el vecino y fardo de unas flores que jamás planté yo pero que hice mías nada más regar.

Es una manera de conseguir que no se marchiten nunca.

Espero que os agrade tanto como a mí.

                                       El que jadea

                               por Juan José Millás

 

Descolgué el teléfono y escuché un jadeo venéreo otro lado de la línea.
      –¿Quién es? –pregunté.
      –Yo soy el que jadea –respondió una voz neutra, quizá algo cansada.
      Colgué, perplejo, y apareció mi mujer en la puerta del salón.
      –¿Quién era?
      –El que jadea –dije.
      –Habérmelo pasado.
      –¿Para qué?
      –No sé, me da pena. Para que se aliviara un poco.
      Continué leyendo el periódico y al poco volvió a sonar el aparato. Dejé que mi mujer se adelantara y sin despegar los ojos de las noticias de internacional, como si estuviera interesado en la alta política, la oí hablar con el psicópata.
      –No te importe –decía–, resopla todo lo que quieras, hijo. A mi no me das miedo. Si la gente fuera como tú, el mundo iría mejor. Al fin y al cabo, no matas, no atracas, no desfalcas. Y encima le das a ganar unas pesetas a la Telefónica. Otra cosa es que jadearas a costa del receptor. La semana pasada telefoneó un jadeador desde Nueva York a cobro revertido. Le dije que a cobro revertido le jadeara a su madre, hasta ahí podíamos llegar. Por cierto, que Madrid ya no tiene nada que envidiar a las grandes capitales del mundo en cuestión de jadeadores. Tú mismo eres tan profesional como uno americano. Enhorabuena, hijo.
      A continuación escuchó un poco sofocada dos o tres tandas de jadeos, y colgó con naturalidad. Yo intenté reprimirme, creo que cada uno puede hacer lo que le dé la gana, pero no pude. Me salió la bestia autoritaria que llevo dentro.
      –No me parece muy edificante la conversación que has tenido con ese degenerado, la verdad.
      Ella se asomó a la página de mi periódico y al ver las fotos de las amantes de Clinton por orden alfabético respondió que un lector de pornografía barata no era quién para meterse con un pobre jadeador que vivía con su madre paralítica, y cuyo único desahogo sexual era el jadeo telefónico.
      Me mordí la lengua para no discutir, porque era sábado y quería empezar bien el fin de semana. Pero el domingo, mientras mi mujer estaba en misa, telefoneó de nuevo el jadeador y le mandé a la mierda.
      –Se lo voy a contar a tu mujer –respondió en tono de amenaza–. Le voy a decir cómo tratas tú a la gente educada y te vas a enterar de lo que vale un peine.
      –Tampoco es para ponerse así –dije dando marcha atrás, no tenía ganas de líos domésticos–. Es que me has cogido en un mal momento. Discúlpame.
      –Está bien, está bien. ¿Y tu mujer?
      –Se ha ido a misa.
      –Dile que luego la llamo.
      Me quedé un rato pensativo. Desde pequeño, siempre había deseado jadear por teléfono, pero mis padres decían que era una cosa de enfermos mentales. Me he perdido lo mejor de la vida por escrúpulos morales, o por prejuicios culturales, no sé. Pero al ver aquella relación tan sana entre mi mujer y el jadeador pensé que no podía ser malo. Así que marqué un número al azar y me puse a jadear como un loco, intentando recuperar los años perdidos.
      –¿Quién es? –preguntó con cierta alarma una mujer cuya voz me resultó familiar.
      –Soy el jadeador –dije con naturalidad.
      –Espere, que le paso a mi marido.
      El marido resultó ser mi padre, nos reconocimos enseguida: inconscientemente, había marcado su número. Me dijo que ya sabían los dos que acabaría así y colgó. Luego llamaron a mi mujer y le contaron todo. Ella dice que quiere abandonarme, por psicópata, y me ha pedido que le firme unos papeles.
      –Jadear a tu propia madre. ¿Dónde se ha visto eso?
      Nunca acierto, sobre todo cuando imito a los demás para ponerme al día. Total, que ahora ya no puedo dejar de jadear, pero de angustia, aunque mis padres creen que lo hago por vicio.

02/05/2007 GMT 1

Trece días

yolijolie @ 12:10

¿Qué son trece días?

Trece días es el tiempo necesario

para cambiar el color grisáceo de la piel por uno rosado.

Coordinar la respiración que nadie antes te había enseñado,

con la deglución del líquido blanco que tú solo, aprendes a succionarlo.

Reconocer las voces como familiares

y las olores como cercanas.

Poner en práctica sin previo ensayo

lo sabido sin aprender,

y lo aprendido por saber.

Lagrimear por primera vez,

regalar una sonrisa

mientras practicas contraer

los músculos de tu carita.

Acostumbrarte al algodón cien por cien

y a las cremas de bebé;

a vislumbrar sombras a la luz del día

y a dormir al anochecer.

Habituarte a la vida,

esa que me regalas tú

al nacer.

loren 2º día

 

¡Felicidades Loren! Ya mismito cumples dos semanitas.

Besos mil repartidos por todo tú, de tu tía que siente adoración por ti.

 

04/04/2007 GMT 1

Semana Potable

yolijolie @ 13:44

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Como presidenta del agua potable que soy, constato que, todo el agua que nos está cayendo del cielo estos días y que vemos  tras las ventanas de nuestras casas con rabia, melancolía, divertimento o veteasaberquésensación, está siendo  titular del telediario por inundar los bajos de las casas que viven cerca de una riera,  por ser fiasco de los que con antelación habían reservado chiringuito en la playa y también por no permitir que desfilen como cada año Hermandades de las cientos de procesiones que estos días se dan.  

Es por todo lo expuesto que propongo, a través de la infraestructura que tenemos preparada para este repetitivo acontecimiento que la naturaleza nos brinda sin respetar posibles planes vacacionales que para estos días teníamos pensado, y siendo que cada día muere una media de 4.500 niños menores de cinco años en todo el mundo por carecer de este derecho humano de los 1.100 millones de personas que no tienen acceso a este bien, y siendo que los zagales nuestros consumen de 30 a 50 veces más agua que en los países llamados en vías de desarrollo,

embotellarla y hacerla llegar hasta allí.

 

Así que el que quiera aún disfrutar de sol y a su vez conocer nuevos países (África subsahariana) o desfilar con su Hermandad y hacer una provechosa procesión hasta este bien escaso junto a las gentes de estos pueblos, qué mejor ocasión que ésta, y totalmente gratis.

 

Ahora sí, voy a seguir mirando tras mi ventana ,con rabia, melancolía, divertimento y desolación.

22/02/2007 GMT 1

Más bueno que el pan

yolijolie @ 11:53

Texto retocado. Lo redacté a media noche, cerca de las 5 am. Soy sonámbula y esta mañana lo he visto colgado sin recordar haberlo hecho. Pensaba que únicamente lo había soñado pero por lo visto hay algún duendecillo que se levanta con la vejiga llena y los dedos sueltos. Qué peligro tengo hasta dormida. Cuidado con vuestras carteras, no las dejéis en mi cómoda que os devalijo. Feliz día. Ah, también adjunto la canción que me bajé pero sin conseguir insertarla, por vencerme el sueño más despierto, supongo. No lo sé, ostras... Tampoco conozco la canción ni cómo ni por qué, pero traducido el título sería algo así como "Tómame el pelo". Qué arsenal de curiosidades,ajaja

Un abrazo

-Ponme una baguette.

-Les faltan 5 minutillos.

-Pues dame aquélla de allí, qué es, ¿una chapata?

-Una chapela. Parecida pero más fina. ¿Sí?

-hmm, más fina... -digo susurrante- Vale -le confirmo con una sonrisa exagerada. Me corresponde con una que le hace achicar los ojos y enseñarme las teclas de piano que tiene por dientes.

-¡Pero que esté crujientita! – le suplico, alzando la voz por la distancia que se toma conmigo al ir en busca del continente de mi merendola, la víctima que pronto abriré en canal para hacerle la autopsia y despojarla de sus tripas blancas para luego ejercer de taxidermista dándole forma con todo lo que pille en la nevera.

Qué delgado se ha quedado Pedro, pienso. Lo veo al fondo de su panandería-cafetería triando con suma atención entre las únicas dos chapelas que le quedan como si de elegir el anillo de boda se tratase. Me molesta que las manosee tanto pero mi embelesada cara no me ayuda a mostrar mi pensamiento más higiénico, vuelto sucio y retorcido al verlo en la lejanía como me muestra las dos barras como torero en la plaza, con los brazos en alto alzando las dos orejas y brindándoselas a su prometida que permanece extasiada tras el mostrador de pastas. Sacaría el pañuelo blanco, reclamando el rabo, pero no lo entendería y mi vergüenza y buena educación me harían darla una explicación aturullada de algo sin sentido camuflado bajo el pensamiento más hambruno que ni con su despensa me podría saciar.

Ya viene. Pero por qué se ríe tanto. Tendría que estar cabreado, no ha complacido a su clientela más fiel con su pedido. ¿Será porque cree que no me importa?, Ha pasado en alto mis apetencias iniciales, y no me da igual ocho que ochenta ni trece que dieciocho. Seré agradable pero exigente, y pienso sugerirle que se abastezca de más pan para la próxima, y, aunque no venga a colación, comentarle también lo estupendo que está con su nuevo aspecto para nada demacrado, fruto de su saludable régimen hipocalórico de años, quedando de lo más sincera y cordial. Justo cuando me devuelva el cambio, le recordaré con medio cuerpo girado y un pie cruzando el portal lo guapo que está. Claro que sí.

-¿Algo más?

-Nono, sé que me está mirando aquél Donuts de allá- y lo señalo- y aquella caña de chocolate no me quita ojo.. pero, no.. –sonrío estúpidamente para finalizar mi estúpida frase que procedería a una serie que estúpidas afirmaciones que deberían haberse quedado en el sistema límbico y no salir ni estando sola pero...

-¿Qué tal estás Yolanda?- me intercepta, por las buenas.

-Pues no tan guapo como tú!- le contesto, a unas malas.

Silencio.

-De veras, estás estupendo!, irreconocible! De verdad,guapísimo, sisisi...- balbuceo torpemente por no poder desparecer como el humo.

-¿Y los niños para cuándo? – me pregunta sin acertar a santo de qué.

-Los niños, mayores de 25 los que quieras!! – ¿qué coño estoy diciendo?

-¿Ya no estás casada?-me interpela con repentino semblante serio.

-Sí, bueno, estoy esposada!!-bordado Yoli...

-Y tú, cuántos tienes, 2 o 3?-pregunto para retomar un hilo argumental inexistente

-Tengo uno.

-Sí, y ya está como tú de grande, hay qué ver...

-Hombreee Yolanda, tiene 5 años

-¿25 dices??-

.............................................................................

De veras, a veces desearía poder ser paloma, cagarla sin que me vean y poder salir volando, con el pico cerrado y los genitales ocultos bajo el plumaje, sin necesidad de comer más pan que el que la gente generosa me brindase. Pero nunca del panadero, capaz de resultar palomo cojo y perderme por siempre.

 

Si algún día llegas a leer esto, Pedro, te lo dedico. Gracias por tu paciencia con la clientela, y en especial conmigo.

Si encontráis alguna incidencia en el blog, comentádmela por aquí o vía email a: yolithebest@hotmail.com Gracias



19/02/2007 GMT 1

Voto de conciencia

yolijolie @ 19:31

No soy apolítica aunque tampoco partidista.

No soy objetiva aunque resulte imparcial.

Escucho callada cuando me dejan hablar

y escribo lo que quiero cuando oyen sin atender.

Asiento ante la diligencia del reconocimiento del error

y me refreno prudente ante un acierto con desazón.

Me desborda la cautela ante un vaticinio atroz:

Eterna reserva con lo más certero y

silencio absoluto ante la palabra dolor.

Hipocresía y honestidad, iguales bajo el mal uso.

Empatía versus inercia, también al gobernar.

   

Posturas infinitas ante las casualidades del destino y

una única, ante las fatalidades forjadas que se podían evitar:

          reclinada,

          con tristeza

                    y vacío.

Mucha suerte señor Mandamás.

A usted le tocará aprender de viejo

porque la oportunidad de alumno aventajado

no la supo aprovechar.

Y yo,

que atiendo callada cuando me dejan hablar

y escribo alto cuando me oyen sin escuchar,

Le exhorto que aprenda a disculparse

a todos por los que habló

Y recoja votos

            de conciencia,

retirado de la vida pública

y fuera de la privada

            de los que representó.

20/01/2007 GMT 1

Tururú

yolijolie @ 13:50

Estoy borracha. Llevo una botella de cava en mi sangre. Siento una felicidad que ni el más potente ansiolítico podría proporcionarme. Todo es azul. Pero que bien me siento... Mi sexualidad la llevo por bandera, mis ganas de flotar no están porque ya lo estoy haciendo. Un esfuerzo supremo tengo que hacer para anclarme a la silla a escribir. Tengo la mirada perdida en el fondo de todo lo que observo. Lo de alrededor me hace pantalla, sus formas me provocan risa y disfruto. Me provoco frente al espejo con movimientos que a mi me parecen insinuantes. Me beso en el espejo del lavabo. Me reclino hacia atrás hasta hacerme daño en las lumbares.  Bailo al ritmo de cualquier canción, todas me están bien. Las lentas las acelero con movimientos pélvicos y a las rítmicas les hago dobletes con voces tan agudas que hasta a mí me ensordecen. Me sigo manoseando. Me río y sonrío. Hago un pis que me sabe a gloria. Me dormiría sentada en la taza pero tengo que bailar. Me voy a sudar lo que he bebido a ritmo del cha cha cha que retumba en mi cabeza con medio cuerpo desnudo y la cara recién mojá. Feliz año 2010....

Escocía

yolijolie @ 15:24

Tengo una fisura que me hace ver las estrellas de día. Un dolor tan grande que me hace recurrir a esta ensoñada frase. Miro mi váter altivamente cuando no tengo necesidad de él, y luego le pido perdón por mi soberbia, cuando frío y duro, aguanta mi estado de sumisión, pidiéndole que por favor me ayude a pasar rápido el mal trago, el mío metafórico, el suyo literal. No soy escatológica, pero necesito escribir de lo que me duele, y esto lo hace y mucho. Me estreñí en Escocia, "Vengo de Escocia escocía" decía, frase que me repito cada vez que el firmamento entero me acompaña al lavabo. Es el único mal menor que me he traído de allí. Pero entonces era un problema anecdótico no fisiológico. A esta dislexia la llamo yo predisposición: cuando uno quiere disfrutar, lo hace. Esa llovizna continua  aquí me fastidiaría, esos cortos días que dan paso al reclutamiento casero a la hora del café no los quiero para mi, ese sol tímido que no levanta cabeza me entristecería, y ese frío que cala me agarrotaría. Pero allí todo era perfecto, un cuadro en completa armonía. Brochazos de pintura que no podían ser de otra manera. Colores inventados para dibujar el paisaje escocés. Y todo dejo que me asombre, y disfruto, abriendo los pulmones a ese alo de sensaciones que me quiero traer, lo único que no tiene precio en un viaje, lo que realmente cuido cuando salgo fuera. Y es por eso que dormí no tan bien, reclutada en literas de 12, sumida en un concierto de ronquidos que parecían culminar en uno único y continuo. Mi rechazo al aburrimiento, me hacía recurrir a pensamientos que dispersaran lo ruin de la situación: 11 tíos y yo, en un cuarto de reducida dimensión, aglutinados como sardinas, compartiendo el mismo dióxido de carbono concentrado en tan calefactada habitación. El aire pesa, te aplasta contra la cama, pero alguno se levantaría si yo empezase de repente a gemir, idioma universal que seguro entenderían a la primera, acompañándolo de movimientos corporales sensualmente estudiados. Acabaría encendiendo la luz, y me despelotaría haciéndome la guiri borracha que sabe sin saber lo que se hace. Observaría entonces la reacción de cada uno de ellos, viendo como emigran repentinamente a una realidad que sus disfraces de  turistas que pagan por dormir en una habitación compartida no les da pie a imaginar: una tía con tetas y culo y aspecto contemplativo, permanece tumbada a sus pies, con la cabeza a la altura de sus genitales! Pero en aquel dormitorio ninguno sabe que existo. Me acuesto cuando ya duermen y me levanto antes que nadie. Me ducho, visto, acicalo, recojo y marcho todo en penumbra, con la duda de si acabo despertando a alguien, que con ganas de recobrar de nuevo el sueño, imagina, viéndome entre tinieblas, cosas que nunca pasarán. Pero acababa durmiendo, y me sentía acompañada, de eso no hay duda. Un nuevo día empezaba, una ciudad por descubrir, y una tarea matutina pendiente: hacer de vientre.

  

13/12/2006 GMT 1

Escocia

yolijolie @ 12:39

10 euros cuesta subirse a una atracción de feria en la que unos arneses se sujetan a tus caderas y a tensas cuerdas elásticas que te propulsan como un tirachinas para que contemples mareado la ciudad durante los escasos segundos que dura la ingravidez del lanzamiento. 35 euros me ha costado subirme a otro invento con menos atracción, que vuela por encima de las nubes durante 3 horas y sin proporcionarme otro mareo que el de no perder detalle alguno de tan indescriptible paisaje:

volando voy

Mi querida Montserrat...

Barcelona a mis pies

 

Y a medida que toma altitud, la madre naturaleza se hace pequeña a mis pies, soy yo la que está por encima, y no me extraña que la fe cristiana mande al cielo a los buenos, porque esto realmente es divino...

 

minúscula ciudad

 

Imagino el movimiento de la ciudad, las prisas, los atascos, una mujer que llora, un anciano que fallece, una pareja que se desvirga , otros que ríen, otros que miran al cielo y se percatan de este avión y lo insignificante que se ve,  y todos ellos concentrados en un único punto de luz, como una estrella que modesta brilla perenne en el firmamento. Y miro hacia arriba, por encima del cielo, la mesosfera azul marino por no tener casi oxígeno y  veo a otro avión que se cruza, del tamaño de un mosquito, inapreciable. Qué pequeños somos con lo grande que nos creemos. Las congeladas gotas de la ventana me devuelven al avión. Estamos a menos 30 º de temperatura, un loco que abriera la compuerta y todos tiesos. Miro a mi alrededor, todos se ven normales, el que menos quizá yo por no ponerme a dormir o a leer.

(to be continued..)

 

http://www.flickr.com/photos/yolijolie/show/

 

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