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Cada día hago menos y soy más

Categoría: TACTO

26/01/2007 GMT 1

El material de mi suelo y el color de mi cielo

yolijolie @ 15:27

Rodearme de gente en la gran ciudad me hace cosmopolita. Los propósitos que no me hice a comienzos de año invento repasarlos caminando a paso firme. No me compadezco de las hormigas que a mi paso degollo, y que en el campo me asustan. La gran ciudad huele a actividad, a frenetismo y a yoquesé. El campo me abstrae, me inunda de valores que yo ya tenía pero ralentizándolos con olor a vaca. Llevo el lastre de la no modernidad a mis espaldas, de la no aspiración a malvivir con éxito, del retiro antes de tiempo y eso, si no me mata, me disfraza de mejor persona pues dejo de lado toda la mierda que se come con cuchillo en la ciudad  para degustar con las manos el más rico caviar en mi buena compañía. En la ciudad miro al suelo para pasar y repasar, y al cielo con desespero por un suelo sin consuelo. En el campo al cielo lo admiro y dejo de hacerlo cuando cabizbaja me retraigo porque algo va mal. Entonces pienso en volver, para curarme las heridas que se parecen a las tuyas, y alegrarme de nuevo por las curas de yodo compartidas: una hipoteca más barata, un trabajo mejor remunerado, un super nuevo en mi barrio, y otro canal autonómico sintonizado.

Pero la frivolidad con que me veo no me ayuda para nada y  volver al campo de nuevo buscando la diferencia puede enterrarme en vida en un ecosistema que  así no respeto.

Vivir conmigo y en mí, y todos los demás y demás, me estarán bien. Andar por la calle observando los grandes detalles, saber que bajo el cimiento hay también tierra y sobre las parabólicas un mismo cielo azul; que  el hombre que pasta ovejas tiene horario de 8 a 3 y el mismo dilema, o no, por llegar a fin de mes. Y las alegrías y las penas, las de carne y cliché, son las mismas en ambos sitios, solo dependerá de quién es quién en un mismo entorno que nos ve crecer disfrazados de campesinos o urbanitas.

23/01/2007 GMT 1

Tengo 90 años

yolijolie @ 00:22

Y de repente tengo 90 años. Miro mi alrededor, todo permanece como antes de irme a dormir menos yo, que he envejecido varias décadas. Contemplo mis manos, fiel reflejo del paso del tiempo, y me confirman lo inverosímil de este martes. Permanezco inmóvil minutos. Estirada en la cama observo los mosquitos atrapados de la lámpara del techo mientras pienso que esto no es posible, que debe ser un sueño, pero nunca me cuestiono en un sueño si lo es. Buceo mis brazos bajo el nórdico, palpando mi cuerpo que hoy amanece cicatrizado por las heridas de unos años que ayer no existían, pero me lo creo, porque estoy convencida de que la vida es lo que te sucede y no lo que crees que vives, así que tardo poco en sucumbir a mi realidad. Sigo sumergida entre las sábanas. No tengo prisa por levantarme. Quiero experimentar lo que está pasando, poco a poco. No hay duda, yo sigo siendo yo, pero los colgajos de mis brazos me despistan: mi carta de presentación ha cambiado aunque mi currículum sea el mismo. Me encuentro bien. Trago saliva, muevo los dedos de los pies  y contorneo la cintura y se diría que es un problema de vista lo que tengo. Empiezo a pensar que algo le ha sentado mal a mi cerebro y que hoy me da los buenos días con una diarrea de alucinaciones. Alargo el brazo hasta la mesita  y agarro el móvil acercándolo hasta mí pero sin abrirlo. No llamaré a un psiquiatra para que me explique lo que no creería. Tampoco a un físico cuántico que me convenza con lo que es teoría. Doy gracias a que me reconozco por dentro y no olvido que situaciones reales de la vida me han impresionado más. Me lo echo al bolsillo del pijama y decido incorporarme. Me siento al filo de la cama, me encajo las zapatillas y  apaciguadamente  me pongo en pie. Cabellos blancos y lanosos, sobre mis pechos caídos, y tembleque en mis piernas. Me desplazo arrastrando mi carcasa y sonriendo con apuro: menos comer y más deporte, jovenzuela. La vida no dejará de sorprenderme, y cada cual que juegue su partida, la mía de lo más Kafkiana por lo visto. Pero ahí voy, camino de la cocina con paso lento. Mi paseo procesionario me descubre un pasillo más largo que de costumbre. La parsimonia en mis movimientos me fija la mirada en cosas de siempre que aparecen nuevas. Aprendo yendo despacio. Adopto nueva actitud sin percatarme y acierto en pensar que, bueno es lo que te enseña, y me suspiro. Tomo aliento apoyada en  el armario aún sin terminar, y asomo la cabeza por la habitación donde dejé un suéter por doblar y cerca a Ricky, con la jaula limpia de ayer. Llego al comedor y repito la jugada de cada mañana. Pongo a calentar la leche que más tarde tomaré templada con Nescafé. Me desperezo en el balcón y entro para asearme siguiendo el croquis hasta el lavabo, aunque esta vez no enciendo la luz. Uno ve lo que quiere, y hoy, en la penumbra y frente al espejo, yo me encuentro igual que ayer.

Café en mano, rescato el teléfono y llamo. Tras 5 tonos, que me parecen eternos, la voz de mi madre me da los buenos días y me pregunta cómo me he levantado hoy, a lo que yo le respondo decidida que bien, aunque debería descansar más o me haré vieja en 4 días. 

10/01/2007 GMT 1

Olvidaste recordar

yolijolie @ 16:47

Olvidaste recordar que olvidabas recordar. Anotas en hojas sueltas que luego pierdes sin advertir su falta. Garabateas tu mano con palabras clave que más tarde no asociarás. Bebes agua fría mientras piensas qué fuiste a la nevera a buscar.

 

Tu aspecto inmejorable y tu sonrisa jovial,

poco dicen de tu mente demacrada

que lucha por llegar a entender

lo que no te cuesta escuchar.

Cuánto mal nos hace a veces, mirar atrás,

pero cuánto más no poderlo hacer jamás.

Vivir sin recuerdos, hacer sin pensar,

un carpediem malévolo que te atrapa sin preguntar.

Huellas que se borran antes de pisar.

El tiempo es un invento, para los demás.

La soledad contigo mismo

perdió todo sentido,

ajeno a todo te miras sin reconocer

las arrugas del ayer.

 

Y soñaste que recordabas:

visitas amigas acudían

bañadas de melancolía,

disculpándose por aquel malentendido

llorando con su viejo amigo.

Y venían nuevas caras

futuros compañeros de vida

y riendo sugerías

volver a hacer

lo mismo que la última vez.

 

Pero al despertar te percatas

que todo fue una ilusión.

Que tu pesadilla, el Alzheimer,

sigue dándote prisión.


03/01/2007 GMT 1

Desnudarme ante mí

yolijolie @ 20:17

 

Mi lengua, pegada al paladar, apuntalando la boca que se quiere cerrar. Tapones de látex metidos en mis oídos para escuchar lo que callo. Miro mis manos hasta reconocerlas. Muevo los dedos de pianista que no saben tocar y los empuño todos a una. Mis nudillos sobresalen, partes de mi cuerpo famélicas que siguen su propio metabolismo. Extiendo las manos con las palmas hacia mí y repaso las líneas de la vida, pliegues que buscan hacerme única antes de nacer. Acompaño mis manos con los brazos en alto hasta alcanzar mi cara. Acaricio las marcas de la almohada que me han visto dormir. Éstas duran menos que las tostadas del desayuno pero son presagio del día que empieza. Pero se van, hasta las de una noche imborrable. Y repaso otras arrugas, las que compiten contra el tiempo y sufren la antipatía del que no quiere envejecer. Con el bálsamo de mis dedos leo mi cara y mis ojos la recuerdan. Permanezco así buen tiempo, hasta notar en mis pies el agua de la ducha, ya caliente. Entonces doy un paso al frente para alistarme al chapuzón que refrescará mis ideas. Sin cambiar de gesto riego mi cabeza y se abren rieras por entre los dedos. Lucho contra el ahogo controlado, tomando el aire evaporado por la boca llena de agua como cascada termal. Mis huellas se arrugan, su tacto se asperea con el roce de mi piel, solo las gotas se deslizan con suavidad por mi cara, cuello y espalda. Calco mis ancianas manos en la pared baldosada. Mis hombros permeabilizan el calor y se queman. El vaho sale de mi cuerpo y reblandece mis labios y abrillanta mis ojos. Y es tal el gozo, que experimento el deseo de cambiar lo que no se ve: mi metamorfosis vuelta catarsis. Arrugarme por dentro para aprender lo de vieja, notar el rescoldo del agua en mi destemplado momento, maleabilidad en mis decisiones y frescura en mis gestos, como el pelo mojado sin arreglar. Que un amor apasionado me emulsione mis cortados labios de invierno hasta quemarme.

Lavar mi conciencia, templar mi conducta. Desnudarme ante mi y dejar que me resbale todo, con la cara relajada y las manos abiertas.



28/12/2006 GMT 1

Un portátil de banda ancha

yolijolie @ 19:43

Un portátil de banda ancha. Entonces la eterna pregunta sobre qué me llevaría a una isla desierta debería puntualizarse: a una isla, desierta por poco tiempo. Con Internet todo es posible de cambiar. No quiero escribir lo que ya está escrito sobre él, pero quiero recordarme que puede llegar a serlo todo. Todo. Cuatro cosas contadas sabemos de la materia gris de la que estamos formados. Un milagro de la naturaleza con el que el hombre inventa lo imaginado y se recrea en lo extraordinario: que se le escape de las manos algo que hizo con ellas. La era terciaria, la era cuaternaria y la era Internaria. Quiero ser pitonisa, predicar lo que ahora parece irreal y que luego será irrisorio. La sociedad conocida como tal se extinguirá. La gente desarrollará falanges largas y ágiles, mutaremos a tener un dedo más por mano. Los ojos se achicaran, y los problemas de hipermetropía se erradicarán. Desarrollaremos callosidad en el culo, ya no será lo primero que miremos del sexo opuesto, y la espalda de nuevo se curvará, por lo menos la de mis descendientes. Los cinco sentidos serán dos: la vista y el oído. El tacto será don de unos pocos. Fisiológicamente la evolución nos adaptará a vivir frente a la pantalla. El caos inicial se reglará mediante la madre naturaleza y su hermana la tecnológica, fusionadas para ser una. Romperemos con lo que ya no convence como lo hacemos con la pareja que ya no funciona. Adiós a la televisión por cable, por tierra y por aire, a la impuesta globalización, a los injustos Tribunales de Justicia, a los estamentos de relleno y su representación sin representados, a los principios sin fines, a la democracia sin nombres, a los desacreditados profesionales con carrera, al marketing, la publicidad y la sutileza rimbombante: a la opacidad de lo que está claro. La manipulación será una anécdota del pasado y la democracia no será un mero artículo de la Constitución. El diccionario adoptará acepciones nuevas de palabras viejas: subir, colgar, bajar... y se dará paso a un idioma universal, fruto de la necesidad de comunicación global sin fronteras. Entonces las minorías serán enormes, y los grandes se harán pequeños. Los problemas de verdad agitarán la tierra con un nueve en la escala de Richter, bajo el terremoto que los ha hecho crecer: Internet.

07/12/2006 GMT 1

El tiempo para hoy

yolijolie @ 12:36

Bienvenido mes de diciembre. Eres el último porque el calendario cristiano así lo quiso. Cuando pienso en el tiempo y cómo en él se van escribiendo los acontecimientos fantaseo con cambiarlo. Desearía poder saltar, moverme por él como por el  espacio, conseguir el avión que haga volar los minutos en el hospital y eternizar las horas de pasión caminando con él. No me cabe más que utilizar mi materia gris para despistar la cronología del tiempo, para creerme que solo cabe cerrar los ojos y respirar hondo para convertir una noche de vigilia en un reparador descanso y apretar fuerte la mano que te ayuda para sentir que lo hace eternamente. El tiempo me da a cambio lo que necesito para cicatrizar heridas, esas que no se cerrarían si lo manipulase a mi antojo. Y me pregunto cuánto tiempo viviría si pudiera recortar el que me entorpece, y cuánto aprendería si todo el que dejo es de disfrute y alegría. La respuesta sólo la tiene él, ingrediente base de todas las historias que se van enclavando en su puntual minutero. Pero no me limita, no me impone, no me obliga. Se deja escribir, olvidar, prefiere ser vivido a mirado, y lo sé porque lentece subjetivamente sus manecillas cuando aburrido nos parece, y cobran vida cuando desearíamos tenerlo en más cantidad. Pero en silencio, cuando todos duermen y yo estoy despierta, me guiña el ojo, y me dice que hoy, y por ser yo, me va a regalar esos minutos que di por perdidos esperando lo que nunca llegó, y se queda conmigo dándome paz y tranquilidad, ayudándome a hacer eternos minutos de 60 segundos.



23/11/2006 GMT 1

Lo que no entra a examen

yolijolie @ 14:34

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Me enseñan lo que podría aprender con libros, y lo que no está escrito lo tengo que aprender por mi cuenta. Vivir es estar vivo. Algunos pocos conservan esta definición de la vida y aparecen en documentales como algo curioso y excepcional cuando somos nosotros, los primermundistas  y los que se mueren de pobreza en el intento, los que realmente somos de observar. Las matemáticas: 4/2 = 2. y 4000000/ 2000000 también = 2. Hasta ahí daría por bueno todos los avances en tecnología, ciencia, y cultura del bienestar. Pero el quebrado no sigue las proporciones. Algo falla. Qué les pasa a las mentes del mundo civilizado. Soy respetuosa con lo que me respeta y con lo que no, intento entender porqué pero me cuesta: la contaminación acústica es molesta, y tengo que hacer un laberinto para comprender qué está pasando por la cabeza del que en una retención se arma a pegar bocinazos. A mi no me resulta sencillo entender que está cansado y que por eso se altera. No quiero construir excusas estúpidas con argumentos de peso. Pero el atasco avanza y el ruido se aleja, y yo abro la saca y echo en ella otra incongruencia más con la que me toca vivir. El denominador se engorda y toca inflar el numerador con cosas inútiles. Los números rojos de mi contabilidad no se reflejan en el balance de las empresas del mundo. Su beneficio no contempla mis pérdidas, no me asesoran, no satisfacen mis necesidades vitales también de consumo. Pero no pasa nada porque no me ponen una soga al cuello, verlos como un pequeño colmado de barrio está en mi mano, y rehúyo de sus estrategias y optimizo sus adelantos. Recordar que me puedo mover a una velocidad que mis pies no alcanzan o conseguir pan y agua potable con un pequeño gesto, me aplacan frente al capullo del coche que me ensordece con su estridente ruido. Y cuando llego a casa, pulso un botón y aparecen imágenes de gentes incivilizadas a kms de distancia, con una lanza en la mano y un gesto tranquilo en su cara. Me miran. Yo les sonrío. Y me siento cercana estando tan lejos.

En la universidad de la vida, hoy han vuelto a contarme algo que no entra a examen pero que debo estudiar para darme mi aprobado, ese que no tiene nota pero que me satisface más que el sobresaliente académico.

21/11/2006 GMT 1

Los entresijos de mi mente

yolijolie @ 16:20

Qué miedo perderse en los entresijos de la mente. Me cuestiono qué es lo realmente incuestionable en mi vida y qué hay de incierto en las afirmaciones que hago y que no cuestiono. Doy la vuelta a palabras eternas: Siempre, Nunca. Reviso la que más utilizo: Sentir. Pienso en la que más me aflige: Dolor. Agito la coctelera, extraigo ideas y sigo pensando: tengo argumentos para casi todo. Este "casi" se tiñe del color del día y se cuarta por la palabra Amor. Me obligo a pensar: el amor es una palabra que no utilizo y que no pienso. Escribirla me abruma. Como argumento no me vale. Pienso que no me gusta y me asusto. Qué hay de absoluto en todo lo que se escribe con ella, por qué tiene tantos detractores y tantos seguidores. Podríamos diferenciar la sociedad entre estos dos grupos y dejar lo de hombre/mujer como una anécdota sexista más del pasado. Imagino los grupos que conformarían esta inventada clasificación. Detractores: personas desquiciadas, reservadas y/o calculadoras, que descartan ver películas románticas, el color rosa y las novelas de Corín Tellado. Seguidores: personas sensibles, cursis y/o bohemias con gusto por el arte en general, fáciles de disuadir, con sentimientos de culpa que alternan con el de hacer sentir culpable. Sería divertido saber quién, de estos dos grupos, tiene mayor índice de analfabetización mundial, mayor longevidad, menor estatura media y mayor capacidad para el lenguaje, y cuál es el que tiene mayor capacidad de orientación, más masa muscular y es menor en número de población mundial. Pero no, caeríamos en ver, qué porcentaje de hombres y mujeres hay a cada lado de la balanza. Recuerdo una frase: el hombre, el peor enemigo del hombre. Y es verdad. Anda mira, algo que parece incuestionable.  Pero voy a ir más allá y voy a pensar que somos aburridos, sólo eso, que nos tomamos la vida en serio, pero solo aparentemente y eso además de aburrido es triste, muy triste, porque cada 3 segundos muere un niño de hambre en el mundo y eso si que es incuestionablemente muy serio y triste. Vuelvo a pensar en la clasificación hombre/mujer. Es evidente que en un gran porcentaje (quiero pensar que es incuestionable)  el tamaño de los genitales nos diferencia entre unos y otros. Algo tangible, mesurable: ideal para la rápida clasificación. Qué pena entonces que saquemos punta cuando el lápiz es de minas. Pienso en mi pensamiento viciado, contagiado y enriquecido por lo que me envuelve. Así no hay manera de pensar en el Amor, y sigo pensando, en sus derivados, y asocio: estar enamorada con la química del cerebro; amor fraternal con sentimiento gratuito; amor de pareja con invento social; amor por la vida con estado anímico; amor entregado con acto justificado; amor divino con sentimiento chantajeado. Amar por Amar... No existe, y si existe, que me lo traigan. Estoy dolida, recuerdo que esta palabra me aflige pero no me exonera de su sensación, y es que aún no he comido y no me imagino sin echarme nada a la boca, y menos morirme por no comer, y menos aún imaginarme que alguien famélico se cuestione todo esto. Pero me lo voy a imaginar. Quiero hacer reversible lo incuestionable. Quiero ser optimista y creer que en algún momento espacio temporal existe el Amor en su definición más generosa y que mi limitada y golosa mente no alcanza a ver. La incuestionable hambre me devuelve a pensamientos más banales y mi mente me acompaña dirección la cocina dándome palmaditas en la espalda.

15/11/2006 GMT 1

Miro al sol con los ojos cerrados

yolijolie @ 23:43

 

 

 

Me gusta el sol de otoño. Siempre que puedo me mudo a mi balcón y  le planto cara sentada en un minúsculo taburete a cosa hecha. Desafío a lo ergonómico, apuesto por pensar que la comodidad es un invento para que nos satisfaga lo que no convence. Me apoltrono medio escurrida frente a él. Las piernas me miden medio metro más y los brazos me sobran. Intento olvidarme de mis extremidades y también de todo lo que minutos antes me ocupaba el pensamiento. Soy feliz. Y pienso en él, en la grandeza de su ser que me proporciona generosamente esta  sensación de estar rozando la perfección.

Cuando se acerca el invierno se vuelve tímido pero siempre sé dónde encontrarlo, por difícil que me lo ponga. Cojo carretera y manta y dejo atrás encapotados cielos, neblinas que lo translucen, para buscarlo en cielo raso y mirarlo con los ojos cerrados.    

En verano lo dejo trabajar, como camarero en chiringuito. Contemplo como los hoteleros se hinchan los bolsillos a su costa mientras pocos recuerdan lo milagroso de su existencia, proporcionarnos la vida que no teníamos. Y entonces pienso que igual que su olvido, el desprestigio también debería correr a cuenta nuestra cuando lo acusamos de enfermedades, incendios, catástrofes medioambientales y demás infortunios del humano incivilizado. Me cabrea recordarlo y entonces con sudores en el canalillo sentada en cómoda terraza alzo la vista y le digo en silencio que su omnipresencia no debería permitirlo, pero observo al camarero que remangado me sirve una horchata a precio de diez y me digo que su pasión por la gastronomía sucumbió también a devenir del conformismo, que todos tenemos precio, incluida yo que permito este negocio con mi presencia en tan caluroso lugar. La grandiosidad de nosotros mismos no depende del tamaño, ni del prestigio, ni del renombre. Nos la tenemos que ganar a diario.

Tengo calor y empieza a dolerme el culo. Es tu manera de avisarme de que ya me tengo que ir. Me encanta nuestra relación. Mañana seguimos hablando, si tú quieres.

07/11/2006 GMT 1

Sentirse sola es positivo

yolijolie @ 15:57

Tener conciencia de que uno está realmente solo te permite disfrutar más de la vida. Así lo experimento yo, y así lo siento. Yo digo pocas cosas de mi misma porque estoy repartida por todo el cosmos, y más concretamente y que yo recuerde, entre las personas y lugares con los que he tenido, tengo y tendré relación. Experimenté esa sensación cuando estuvo mi madre ingresada en el hospital. Familiares iban y venían según la permisividad de sus horarios. Enfermeras acudían al auxilio de mi madre según el horario a cubrir esa semana. Médicos pasaban el parte de buena mañana, influidos por su estado anímico de sus respectivas vidas, vidas que podrían estar bañadas por alguna situación semejante a la mía, porqué no. Si se les había dado bien el día anterior, la capacidad de empatizar con el paciente era mayor, o por lo menos en apariencia, cosa que se agradece porque a mi manera de ver las cosas, en momentos poco deseables, es preferible una sonrisa forzada, un comentario estudiadamente oportuno, a uno que te recuerde la realidad que no te gustaría estar viviendo. Pero incluso si resultaba menos agradable daba igual. La presencia de todo este colectivo me era grata, tanto su aparición inesperada como su ausencia impensable; tanto la cordialidad del personal de limpieza como la estupidez del cuerpo sanitario. Todo me parecía una obra de teatro vista desde el púlpito, en el que yo, presenciaba lo que acontecía sin inmiscuirme en nada, como pura observadora. Por qué iba a molestarme o alegrarme. Mi realidad, mi dolor... era mío, egoístamente hablando me pertenecía. Y lo quería padecer yo y superarlo yo, en silencio, influida por lo que mis pupilas iban reteniendo durante los días de hospitalización, como cuando salimos pensativos de ver la obra de teatro. Pero es influencia, nada más. Sigues estando sola. Despotricar o agradecer lo que va sucediendo a tu alrededor es escupir en las aguas del río, caudaloso en su curso, reposado en su delta, algo previsible son sus movimientos, como lo es lo que sucedía a mi alrededor mientras permanecía al lado de mi madre. Remojar mis pies en el río, notando su gélida agua cuando el sol no lo toca, su cálido masaje en mis doloridas callosidades, mientras alzo la vista y veo el paisaje, lo bonito y cruel que hay en él, todo el ciclo vital de un solo día de un río, inalterable en el tiempo, pero en continuo movimiento, es lo que me hace sentir más tranquila. Tomar perspectiva me hace disfrutar de una panorámica que complementa la sensación vivida con mis pies dentro del agua, con mi madre en el hospital.

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