Me quedo de piedra

Qué aburrida que estoy repantigada todo el día en el escritorio. Algunas amigas de tiempos ancestrales, han conseguido buen puesto en museos de renombre, contempladas, lo que nunca imaginaron. Otras, las más bellas, se pasean entre festines salpullendo de ostentad, con excesos innecesarios, lo más simplón. Las más sueltas hacen botellón y se ponen hasta arriba de ácido. Acaban deshechas, lógico, aunque algunas se resisten. Entonces es cuando salen de su boardilla con la amenaza de un bisturí. Bendita juventud... toda la vida por delante tirada por el retrete...
Y es que no es oro todo lo que reluce: hace poco contemplé con triste costumbre ya, precipitarse al vacío una compañera desde el balcón contiguo. Mala vida la que llevó, soportando cargas excesivas, presiones desmedidas. Esto acaba por machacarte, abriendo brecha sin duda.
En la playa me gustaría a mí estar, fresquita en plena orilla, tan brillante recién mojada, y secada al solo entre baño y baño, dejándome arrastrar por el oleaje sin más. De allí provengo, alguno se fijó en mis formas y belleza y desde entonces me mantiene, hasta que él quiera, y en días tediosos como el de hoy, echo mano de mis plácidos recuerdos, sin olvidar la fortuna de que aquí estoy a salvo de las mafias que por allí corrían.
A puñados se llevaban a las más chiquitas para cementarlas o enyesarlas con finalidades constructivas, según ellos. Mi más sentido pésame a la madre que las vio erosionar.
Otras, son escaladas y resquebrajadas las de menor suerte. Las más foráneas permanecen bajo escarcha, hielo, y moho, pisoteadas por inconscientes pero viendo crecer vida a su alrededor, y eso lo envidio desde mi más tranquila morada.
Ahora me han plantado una compañera con un look de lo más pijo en forma de pirámide. Alardea de traer suerte o no sé qué historia. Tallada y esculpida, así cualquiera no resulta interesante. Pero mi belleza natural, sin llegar a ser preciosa, me hace más substancial a ojos del entendido.
Y dicen que no estoy viva, por no tener cierta cualidad, pero conozco seres más muertos que se libran de estarlo porque dicen respirar.
Al agua embotellada, manantial de vida, se le atribuyen mis propiedades pero sigo siendo inerte estando llena de cualidades que vitalizan por dentro y fuera.
Espero no dejarte de piedra con lo que digo porque lo que resulta duro es serlo de verdad.

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