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Cada día hago menos y soy más

11/10/2007 GMT 1

Érase una vez

yolijolie @ 22:35

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Érase una vez una niña que no podía dejar de embobarse en cada pared blanca que veía, a cada agujero negro al que se asomaba. Un día, y llevada por la curiosidad de espiar en lo prohibido, decidió acercarse al lado más oscuro de su persona. Entonces, y como si lo hubiese hecho cientos de veces, se sentó en la silla de su cuarto frente a la pared de estuco lisa, dejando su mente en blanco y sin pensar absolutamente en nada. Así perduró hasta que sus piernas y brazos decidieron coger impulso para levantarse y salir de la habitación. Al poco, y como si de un acto reflejo se tratase, volvió de nuevo a coger asiento, fijando su mirada sin importar dónde pero con la misma sensación de antes: la de no pensar nada.
Los días sucedieron, y su habilidad de abstracción fue madurando. Conseguía abismarse con la velocidad del rayo, en el metro, por la calle, de pie o caminando, en la ducha o comiendo, escuchando y hablando. Hasta en los sueños se coló su vicio incontrolado, despojándola del disfrute de imaginar. Una mañana mientras se cepillaba los dientes observó frente al espejo cómo se escurrían sus orejas y mejillas. Una masa gris gelatinosa se abría paso desde su frente por entre los surcos de su cara, arrastrando las formas que en ella encontraba. Sus manos y su cuello se fueron deshaciendo a medida que la masa cogía terreno. A su paso, la estrecha cintura y sus cortas piernas se soldaron más que nunca en una única pieza sin forma definida. Todo su cuerpo se escurrió hasta desvanecer en el suelo del lavabo. Entonces reclinó como pudo su cabeza deforme y observó con terror que su cerebro ya no estaba, habitando en su lugar un abismal agujero negro. Su imagen reflejada en el espejo le permitió mirar a través del negruzco túnel y con pavorosa curiosidad pudo ver al fondo de la oquedad el suelo blanquecino y liso del lavabo. Entonces y como sucedía cientos de veces la ensimismación más temida se apoderó de ella, abstrayéndola de todo, para bien o para mal.

Las formas de su cuerpo, licuadas por la abrasividad de su cerebro, permanecerían por tiempo desperdigadas.

Con los años dibujarían la silueta de una preciosa mujer, sombra de la que pudo haber sido y no fue, por sufrir la pena de niña de no poder imaginar ni pensar nada.

17/09/2007 GMT 1

7 meses

yolijolie @ 14:33

Estoy muy cansá. El aire me pesa, sentada, de pie y recostá. Las palabras se hermandan, y se amontan para salir en un mismo suspiro para que me cueste menos hablar: Ay... yesquenopueomás. Mis pies doloridos soportan los 15 quilos de más. Mi esqueleto enmudecido me reclama calcio por piedad y mis glóbulos rojos se quejan del saqueo que sufren por aquí y por allá. Andan ligeros de equipaje por el poco oxígeno en sangre y el hierro recetado en pastillas es como el sexo que se alquila, un triste sucedáneo de lo natural, que te deja al poco de su dosis, con la misma necesidad. El esófago protagoniza las veladas sin igual. La acidez se camufla con bochornosa timidez bajo alimentos tan normales como el pan o la miel. Y tengo sed, mucha sed, y bebo agua pero siempre antes de las diez pues lo ingerido antes de acostarme siempre ha de salir antes de levantarme. Y los viajes al lavabo, una y otra vez, me recuerdan que mis pies doloridos no pueden con los 15 quilos de más y que el aire me pesa, sentada, de pie y recostá.

18/08/2007 GMT 1

Adicta por casualidad

yolijolie @ 19:04

Soy adicta a las casualidades. Cuando nada parece depender de ellas el devenir de mi existencia se torna gris. El amplio abanico de la elección sacudido por la mano del deber no ventila mi vida y la responsabilidad de lo escogido pesa como el calor sin refrigerar. La visión de un solo camino entristece, y deambularlo sin mirar a los lados me amortece. Dejar que interseccionen las alternativas bajo el trazo del azar hace que la línea recta de mi día se desdoble en inesperadas formas geométricas. Entonces vivo lo que no iba a ser y reinvento lo que debía de ser.

Me gustan las casualidades y engancharme a ellas. No confesarles nunca fidelidad, y retarlas bajo una libertad rescatada de la obligación incumplida. Despojarme de la superstición, la mala suerte, la corazonada, el acierto, la organización, la  coherencia y la previsión, y recorrer el sinuoso destino con el sentir como único equipaje de mano.

16/07/2007 GMT 1

Un mar de sensaciones

yolijolie @ 14:06

Llego tarde. Tropiezo con mis pies al pedir la llave de taquilla y el consentimiento de la de recepción me permite empujar la barra de paso hacia las instalaciones. El olor a cloro se intensifica al llegar al vestuario. Abro, desvisto, calzo, recalco y cierro. Se atasca el candado. Las prisas me vacilan y me siento. Suspiro. Me acerco al espejo para embutirme el gorro de látex. Hoy no hay tiempo para muecas. Recoloco la ropa y cierro por fin la puerta metálica. Desaparezco con los pies semidesnudos y diez minutos menos de clase.  Un arsenal de gorros flotantes se gira sonriente a mi llegada. ¡Yo ya he precalentado! Exclamo con la lengua fuera. Me remojo mis mofletes rojos bajo una ducha de agua fría. Alzo la vista y veo una hilera de hombres sudorosos haciendo bicicleta estática tras el cristal que nos separa. No entiendo la esclavitud a la que se someten pero también les sonrío: voy a pegarme un chapuzón a la salud de todos ellos. El gorro es un ingenuo antifaz que hace sea incapaz de reconocer las caras cuando van vestidas de calle. Somos las sin nombre, nos llamamos por el número de semanas o por el mes en el que va a nacer. Una de descomunal barriga me acerca un churro de espuma de más de metro y medio. Omito toda broma recurrente y me incorporo a la gimnasia acuática comenzada. A los brincos sucesivos con el churro entre las piernas le siguen brazadas de espalda con el churro oprimido contra el pecho. Al flote boca abajo con el churro de tablilla, el nado hacia delante con un pataleo escandaloso. Tiempo de descanso. Me ajusto mi artilugio a la nuca y  otro fálico flotador de igual proporción a las pantorrillas. Soy una hoja seca en una charca de verano. Oigo las voces de las compañeras distorsionadas bajo el agua. Mientras floto me desplazo. Permanezco liviana sobre el líquido que me abraza. Contemplo el cielo enmaderado. Un azul cegador entra a través de uno de sus ventanales. Cierro los ojos y miro a través de mis párpados claridades nuevas. Oigo mi respiración a través de mi cuerpo mientras mis oídos se taponan. Me estoy convirtiendo en burbuja mientras simulo estar relajándome. Entonces me dejo escurrir entre los flotadores y me sumerjo con religiosa suavidad. La caída es un baile de movimientos lentos y armoniosos. Las prisas desaparecen y los tropiezos se amortiguan. La brusquedad no existe. El ruido no molesta y los sonidos son el hilo musical que me acompaña. No tengo frío ni sensación de humedad. La línea que trazan mis contorneos se corrige con la misma corriente generada. Inhalo oxígeno sin respirar. Se está tan bien aquí abajo que no entiendo la evolución de los anfibios a reptiles ni el miedo a morir bajo el mar.

Un pitido agudo procedente de fuera recuerda que la clase ha terminado ya.

Salgo de la piscina arrastrando mis kilos reales y la experiencia vivida.

-Nos pensábamos que te habías ido ya. Dónde has estado todo este tiempo?

-Buceando en el mar de los recuerdos, con mi maestra, mi hija, a la que aún le quedan 4 meses de experiencia vital.  


Que los disfrutes Paula.

Pero sal cuando te toque, que aquí fuera verás que no se está tan mal.




05/07/2007 GMT 1

Declaración de amor

yolijolie @ 13:14

Amo la delicadeza de unas palabras acertadas, con la conciencia de que pueden caer en saco vacío, con el respeto de que pueden marcar un destino.

Amo el silencio de un gesto afectuoso, con la inquietud de ser comienzo de algo distinto, final de lo que siempre es lo mismo.

Amo la mirada descarada del bebé que no sabe aún de reglas sociales, la pureza de sus gritos en una sala de espera, en una biblioteca sin ruido.

Amo el tacto del cojín que soportó el desgarro del desespero, el sueño reparador, la asfixia de la ignorancia o una reconciliación; el del jersey que me pongo, impregnado de la suerte del examen de aquella lección, del calor de la fría clase teórica que de nada me sirvió.

Amo los trabajos que buscan personas prescindibles sin la categoría de auxiliar y de justa remuneración.

El buen hacer de alguien vestido con la carrocería de su coche, su buena educación.

Amo el respeto, la ignorancia, la conciencia, el amor.

Amo el humor, por ser flotador en un mar de angustia, calma del bravío dolor.

Amo tantas cosas

de las que no hago mención

que espero, rabiosas,

se atolondren por protagonizar este día

y lo bañen de ilusión.

29/06/2007 GMT 1

Juan José Millás

yolijolie @ 19:18

Mi desmemoriada cabeza no quiere olvidarse de lo insignificantemente importante, por eso hoy, trascribo, volviendo así a recordar un relato del escritor Juan José Millás, memorable por su sencillez y poca pretensión en todo lo que ingeniosamente escribe. Está extraído del libro Cuentos de Adúlteros desorientados.

 

Con este regalo de prosa, saco las macetas al balcón para que las vea el vecino y fardo de unas flores que jamás planté yo pero que hice mías nada más regar.

Es una manera de conseguir que no se marchiten nunca.

Espero que os agrade tanto como a mí.

                                       El que jadea

                               por Juan José Millás

 

Descolgué el teléfono y escuché un jadeo venéreo otro lado de la línea.
      –¿Quién es? –pregunté.
      –Yo soy el que jadea –respondió una voz neutra, quizá algo cansada.
      Colgué, perplejo, y apareció mi mujer en la puerta del salón.
      –¿Quién era?
      –El que jadea –dije.
      –Habérmelo pasado.
      –¿Para qué?
      –No sé, me da pena. Para que se aliviara un poco.
      Continué leyendo el periódico y al poco volvió a sonar el aparato. Dejé que mi mujer se adelantara y sin despegar los ojos de las noticias de internacional, como si estuviera interesado en la alta política, la oí hablar con el psicópata.
      –No te importe –decía–, resopla todo lo que quieras, hijo. A mi no me das miedo. Si la gente fuera como tú, el mundo iría mejor. Al fin y al cabo, no matas, no atracas, no desfalcas. Y encima le das a ganar unas pesetas a la Telefónica. Otra cosa es que jadearas a costa del receptor. La semana pasada telefoneó un jadeador desde Nueva York a cobro revertido. Le dije que a cobro revertido le jadeara a su madre, hasta ahí podíamos llegar. Por cierto, que Madrid ya no tiene nada que envidiar a las grandes capitales del mundo en cuestión de jadeadores. Tú mismo eres tan profesional como uno americano. Enhorabuena, hijo.
      A continuación escuchó un poco sofocada dos o tres tandas de jadeos, y colgó con naturalidad. Yo intenté reprimirme, creo que cada uno puede hacer lo que le dé la gana, pero no pude. Me salió la bestia autoritaria que llevo dentro.
      –No me parece muy edificante la conversación que has tenido con ese degenerado, la verdad.
      Ella se asomó a la página de mi periódico y al ver las fotos de las amantes de Clinton por orden alfabético respondió que un lector de pornografía barata no era quién para meterse con un pobre jadeador que vivía con su madre paralítica, y cuyo único desahogo sexual era el jadeo telefónico.
      Me mordí la lengua para no discutir, porque era sábado y quería empezar bien el fin de semana. Pero el domingo, mientras mi mujer estaba en misa, telefoneó de nuevo el jadeador y le mandé a la mierda.
      –Se lo voy a contar a tu mujer –respondió en tono de amenaza–. Le voy a decir cómo tratas tú a la gente educada y te vas a enterar de lo que vale un peine.
      –Tampoco es para ponerse así –dije dando marcha atrás, no tenía ganas de líos domésticos–. Es que me has cogido en un mal momento. Discúlpame.
      –Está bien, está bien. ¿Y tu mujer?
      –Se ha ido a misa.
      –Dile que luego la llamo.
      Me quedé un rato pensativo. Desde pequeño, siempre había deseado jadear por teléfono, pero mis padres decían que era una cosa de enfermos mentales. Me he perdido lo mejor de la vida por escrúpulos morales, o por prejuicios culturales, no sé. Pero al ver aquella relación tan sana entre mi mujer y el jadeador pensé que no podía ser malo. Así que marqué un número al azar y me puse a jadear como un loco, intentando recuperar los años perdidos.
      –¿Quién es? –preguntó con cierta alarma una mujer cuya voz me resultó familiar.
      –Soy el jadeador –dije con naturalidad.
      –Espere, que le paso a mi marido.
      El marido resultó ser mi padre, nos reconocimos enseguida: inconscientemente, había marcado su número. Me dijo que ya sabían los dos que acabaría así y colgó. Luego llamaron a mi mujer y le contaron todo. Ella dice que quiere abandonarme, por psicópata, y me ha pedido que le firme unos papeles.
      –Jadear a tu propia madre. ¿Dónde se ha visto eso?
      Nunca acierto, sobre todo cuando imito a los demás para ponerme al día. Total, que ahora ya no puedo dejar de jadear, pero de angustia, aunque mis padres creen que lo hago por vicio.

26/06/2007 GMT 1

Comunicando con mi madre

yolijolie @ 13:05

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Y entonces comenzamos a charlar. Alternamos los tiempos de manera harmoniosa y entonación musicada, dándonos el testigo para hablar con un silencio acolchado por interjecciones cálidas. Los timbres de nuestras voces se asemejan tanto que se diría se trata de una única persona que improvisa sin titubeos un diálogo para sí. No hay más prisa en terminar que la que queramos simular. No hay mayor intención en empezar que la de conjugar nuestros ritmos, asentar nuestras almas, nivelar nuestras defensas.

Sí, es toda una terapia. No nos decimos nada nuevo pero hablamos con tal exclusividad que colgamos sorprendidas por la novedad de las confesiones de siempre. Omitimos el ruido para escuchar el farfullo de nuestras voces con la atención de quien no acaba de sintonizar su emisora preferida. Y hablamos pausadas de ilusiones compartidas, reteniendo la alegría súbita para obtener mayor gozo cuando se den, y dejando que vayan mientras calando en cada una de nosotras. Y envolvemos de cariño las palabras de aflicción para menguar su punzada y echarlas a la saca de dolores en proceso de conversión.

Y nos contentamos. Y es tan plena la felicidad conseguida que no podemos más que volvernos a llamar una y mil veces más.



21/06/2007 GMT 1

Un churro de vecina

yolijolie @ 15:35

Un mal sueño me empuja a despertarme. Aún reciente me levanto para asomarme a la ventana y ver al churrero trabajar. Con el destemple del descanso coartado voy hasta la cocina en busca de aliento, y un vaso de leche se presta como el mejor de los candidatos. El mareo pronto me da los buenos días, y por una vez, me alegro de que ocupe mi pensamiento aún viciado. La química del cerebro se va de puente dejándome a mí todo el trabajo por hacer.  Qué suplicio. Las hormonas se meten hasta con mi oído interno, pero lo hacen con contrato temporal a horas convenidas. Pronto las finiquitarán.

Suena el timbre de la puerta. Dejo mis pensamientos figurados junto al desayuno y arrastro mi cuerpo hasta la mirilla. Abro.

 

-¡Enhorabuena , hija! Ay!, no sabes la alegría que me has dado!

- Hola Mercedes, Buen día (siempre pienso, centésimas antes, en la marca de coches para dirigirme a ella sin equivocación) Me coges almorzando- y sonrío, por no saber qué añadir.

-Que me he enterao por la Beatriz, la del 7º, la que toca el piano. Ay!, qué bien!!

Qué es lo que traes? A ti no te va a pasar como a la de al lao- me apunta, reclinando la cabeza con la ceja arqueada hacia el 6º 4ª- A ella ni se le notó!, Como ya estaba tan gorda de antes,  dio a luz sin que nadie se enterase de que estuviera preñada, y claro, como tampoco se parece a ninguno de los 2, tan rubito él, con esos rizos, y esos ojos verdes tan gordotes-recuerda la mujer fijando su mirada en mis pies descalzos- pues todo hacía pensar que era adoptao, pero desde luego que con los gritos que le llegan a pegar al pobre crío, los de asuntos sociales poco trabajo iban a tener para retirarles la custodia. Así que el niño es de ellos, bueno, de ella, porque el chaval poco pinta, con lo saboría y malasombra que es la pobre.

-Hombreee, Mercedes...- sacudo estas dos palabras de mis cuerdas más afinadas, consciente de que nada de lo que diga puede atravesar el bloque de vacío que nos separa.

 

Cuando alguien obra de manera desdeñada hacia otro, tiene un motivo más allá del aparente. Cuando alguien saca conclusiones sobre lo que uno es en función de cómo actúa, lo hace siempre bajo su singular forma de pensar. Es ésta la verdadera esencia que nos diferencia a las personas. La complejidad del entramado de maneras de ser está garantizado, por banal que sea lo que al final se formule.

La extraña conversación-monólogo de mi vecina me la tomo como un sudoku emocional y no como una ofensa con la que yo deba alterarme, aliarme, mofarme, alegrarme.

Cierro la puerta con el mismo sigilo con el que no la debí abrir y me vuelvo hasta la cocina. Un olor a buñuelos ha decidido entrar por la ventana e invadir uno de mis sentidos más tocados por el embarazo.

 

Caliento de nuevo la leche para dar paso a un pensamiento nuevo: el de mojar un buen churro en ella...

16/05/2007 GMT 1

Muchas gracias a todos

yolijolie @ 12:24

Y es que necesito reír. Cuando estoy sola no dejo de hacerlo, a expensas de que algún vecino se haga una idea equivocada de mí. Cuando algo me preocupa, una mueca se dibuja en mi cara, desafiando la gravedad de los músculos faciales que se empeñan en arrugar mi barbilla. Cuando algo quiero aprender, sonrío como pidiendo tiempo a lo que no acabo de entender. Los nervios son los aliados por antonomasia de mis carcajadas, primas hermanas de mi risa y hermanas de sangre de mi alegría, esa que a veces me abandona dejando sin amiga de patio a la sonrisa, que perpleja se pinta como de costumbre en mi cara. Pero como guiada por la sinrazón, y antes de que mi expresión se humedezca por gotas de desesperanza, vuelve como se fue, secando mis ojos con algodones de tranquilidad, iluminando mis encías para prepararlas a escena, y haciéndome reír con la misma naturalidad de su existencia. Entonces el absurdo de la tristeza desmedida, de la preocupación excesiva, de la pena pasada, se evapora, dejando tras de sí un vapor que abrillanta mis ojos y humedece mis labios que se estiran sonrientes lo que dan de sí.

 

 

Me ha encantado este paseo iniciado en noviembre del 2006 por un camino deambulado desde siempre pero no escrito hasta entonces. Volveré a recorrerlo, esta vez de vuelta y recordando la sonrisa que en él se queda grabada.

Agradezco los ojos que siguieron su lectura. Nunca pensé que interactuar con otras almas fuera tan enriquecedor.

Muchas gracias a todos.

Yolijolie.

10/05/2007 GMT 1

Pastora

yolijolie @ 13:09

Y me harté de verte después de mucho escucharte.

En la radio sonaba tu Lola como brisa de aire fresco en el panorama comercial. Bajé tus restos husmeando en Internet y en las Navidades del 2004 me los regalé.

En febrero del 2005 seguí tus huellas hasta el Faktoria de Terrassa y allí, en un ambiente fumeta y relajado de una treintena de personas, te descubrí. Recuerdo cómo, a un par de metros de mis narices, escenificabas tus letras y me las cantabas, por qué no, a mí.

Desde entonces, me has acompañado en coche hasta el trabajo con el aperitivo de las doce, he limpiado la casa como una auténtica mirona, me he duchado con tu mentira, y me reconcilio conmigo cuando no se puede más.

 

Espero que te dejes ver pronto para escucharte lo nuevo y sentirlo como eterno.

 

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